Todo empieza en el organigrama

Una asesoría, como cualquier otro sistema, independientemente del tamaño que tenga, debe disponer de una serie de roles que ejecuten una cantidad suficiente de veces unas determinadas funciones. 

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Todas las empresas, con independencia de su sector de actividad y su tamaño, se rigen por los mismos principios y requieren desempeñar una serie de funciones en la adecuada proporción. Toda empresa, desde el pequeño autónomo hasta la gran multinacional tiene que: vender, hacer un mínimo marketing para vender (aunque sea el boca-oreja),  tener sus finanzas bajo control, organizar el equipo de trabajo (organizarse uno mismo si estamos solos) y prestar el servicio vendido. La única diferencia será que la empresa de 1.500 empleados ejecutará en mayor cantidad cada función y lo harán personas diferentes y el autónomo lo hará todo él solo y pocas veces por mes. 

Para que tu asesoría crezca debes asegurarte que ninguna función queda desatendida y todas van escalando de forma equilibrada conforme tú crezcas también. En caso contrario, empezarán a aparecer los desequilibrios: el infame autoempleo, altibajos en las ventas, épocas de mucha carga de trabajo y poco o nulo rendimiento financiero, desajustes económicos, insolvencia, aumento del endeudamiento junto a las ventas…

En un sistema todos sus componentes tienen claras sus funciones y de qué forma tienen que ejecutarlas. Cuando diseñamos el organigrama, debemos dar un sentido global a cada puesto asignándole una misión (para lo que existe dicho puesto en nuestro sistema). 

Ahora bien, como una misión puede resultar poco concreta, facilitamos el cómo cumplir con dicha misión definiendo unas funciones. Cuando una función se compone de un conjunto de actividades o tareas que deben ejecutarse en un orden determinado lo llamamos proceso, método o procedimiento.

El primer paso es imaginar «las piezas» que van a componer nuestro sistema. Un error habitual en las pequeñas asesorías es pensar que el organigrama se diseña por personas, cuando realmente se debe hacer por funciones. Luego ya repartiremos los puestos a cada persona. Y si, una persona tendrá varios puestos. Pero lo que realmente estamos haciendo así es asegurarnos que nuestro sistema está completo y equilibrado. 

Muchas pequeñas asesorías se definen como «horizontales«, y diseñan sus organigramas visualmente así o incluso con forma redondeada, todo en torno al cliente:

Y es un buen principio para interiorizar la importancia del cliente. Sin embargo, si todavía no hemos desarrollado una mentalidad empresarial esto puede llevarnos a confundir horizontalidad con falta de asignación de funciones.

¿Funcionaría la lavadora si cada pieza hiciese lo que le apeteciese en cada momento o lo que intuyese como correcto? Pues tu asesoría tampoco.

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