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¿En qué nos diferenciamos de aquellos que consiguen resultados excepcionales?

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Introducción

Todos los seres humanos tenemos 24 horas al día, ni una más, ni una menos. Sin embargo, existen diferencias muy notables entre los resultados que obtenemos unos y otros a la hora de desarrollar un proyecto o una tarea concreta en cualquier ámbito de nuestras vidas. Hoy veremos en qué nos diferenciamos de aquellos que consiguen resultados excepcionales, cuánto influyen la suerte y los factores externos, si podemos cambiar nuestro destino o qué palancas debemos accionar para virar el rumbo de nuestras vidas.

Es cierto que existen factores externos y ajenos a nuestro control que influyen en nuestros resultados. Sin embargo, siempre escuchamos casos inspiradores en los que personas que parecían tener todo en contra, que no contaban con los recursos, que su entorno era contrario a lo que perseguían, que enfrentaron multitud de vicisitudes y aún así, consiguieron lo que querían. «Yo no soy de esos«, podrías estar pensando ahora. Pero, ¿realmente en qué nos diferenciamos nosotros de esas personas? ¿es posible convertirse en uno de esos «casos aislados», ser un «caso excepcional» e inspirador? y si fuese posible, ¿cómo hacerlo?

¿Qué guía nuestras vidas?

Para poder dar respuesta a las cuestiones anteriores es imprescindible entender cuáles son los factores que influyen en el faro que guía nuestro día a día. ¿Qué nos hace tomar cada decisión en cada preciso instante? ¿qué es lo que determina que entendamos una situación como positiva y nos sintamos bien con ella o la veamos como el final de nuestros días y el mundo se derrumbe a nuestro alrededor?

El mundo occidental, a diferencia del oriental, ha ido centrando su desarrollo a lo largo de los últimos siglos entorno a la ciencia y la objetividad. Le hemos dado casi toda la importancia al aspecto científico y técnico y parece que nos hemos olvidado de la parte emocional, de la gestión del yo interior, de cómo nosotros también somos «sistemas» que requieren de configuración, mantenimiento y actualizaciones. Este abandono de la importancia, llamémosle espiritual o psicológica, sin entrar en aspectos relacionados con religiones o misticismos, nos ha llevado a que creamos que somos como somos y hay que aceptarlo sin más remedio. Ahora bien, ¿y si como somos no nos lleva al lugar al que tanto ansiamos llegar?, ¿y si nuestra forma de ser actual me mantiene en un sentimiento constante de incapacitación, de inferioridad, de regir la vida por complejos, de no sentirme merecedor?, ¿y si tuviese una forma de sentirme mejor, más capaz, más «feliz»? ¿perdería la oportunidad de conocerla?

No somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual, somos seres espirituales viviendo una experiencia humana

Pierre Teilhard de Chardin

El sistema de interpretación o evaluación

De la misma forma que un ordenador controla su funcionamiento por un sistema operativo (Windows, Mac, Linux… según gustos y colores) nuestra mente también dispone de un sistema operativo que rige nuestro comportamiento. Este sistema es el que nos dice si ante una vivencia nos tenemos que sentir bien o mal, si debemos huir o atacar o si aprovechamos una oportunidad o metemos la cabeza debajo de la tierra hasta que todo pase. Este sistema se está «programando» de manera constante y desde que nacimos por las diferentes influencias externas que hemos tenido: nuestra familia, el entorno donde crecimos, la formación que recibimos, las experiencias placenteras y dolorosas (especialmente las dolorosas) que vivimos y que fueron configurando lo que a día de hoy somos. Porque según somos, actuamos y según actuamos tenemos. De aquí que el verdadero proceso de cambio y transformación siga el orden SER > HACER > TENER. Según somos actuamos y según actuamos obtenemos unos resultados u otros.

La principal paradoja del mundo se encuentra en que la mayoría de nosotros hemos sido programados de forma «aleatoria» o «accidental» según la fortuna de nacer en un lugar concreto o en el seno de una determinada familia. Sin embargo, muy pocas personas toman la responsabilidad de reprogramar este sistema hacia uno que le resulte más capacitador y le permita obtener los resultados que desea. De hecho, muy pocos creen ser capaces de ello o siquiera piensan que esto es posible y aceptan su realidad completamente incapacitados por sus indefensiones aprendidas.

Las palancas del cambio

Si conociésemos las palancas que componen este sistema podríamos aprender a accionarlas y calibrarlas para conseguir los resultados que deseamos. ¿Qué palancas son las que lo componen?

Cada vez que nos exponemos a un estímulo externo nuestro cerebro ejecuta su sistema y en función de la posición de estas palancas generamos una reacción u otra. Esto quiere decir que ante un mismo estímulo, en función de la posición de las palancas de cada persona, obtendremos una reacción diferente. La cuestión es: ¿cómo puedo conseguir que mis reacciones sean más capacitadoras y me ayuden a cumplir mis objetivos en vez de sabotearme y alejarme de aquello que tengo intención de alcanzar?

Nuestro estado emocional

El estado emocional que tenemos en el momento de evaluar la reacción a un estímulo es una de las palancas que compone nuestro sistema. No reaccionamos ante una misma situación si acabamos de tener el mejor día de nuestro año, lleno de noticias positivas y en el que nos encontramos perfectamente que ,sin embargo, acabamos de tener el peor día de la semana con una dificultad tras otra y llega un nuevo golpe.

Muchas personas son víctimas de sus propias embestidas emocionales donde los sentimientos, especialmente los negativos, se apoderan de ellos sin que se sientan capaces de lograr esto. ¿Es posible cambiar nuestro estado emocional? ¿podemos elegir como sentirnos? la respuesta es . Sí, pero con entrenamiento. Entre las diferentes herramientas que existen para este propósito, la programación neurolingüística nos enseña una técnica llamada condicionamiento neuroasociativo para ello.

Si aprendemos a construir estados emocionales positivos y nuestras redes neuronales crean sólidos caminos para propiciar estos pensamientos las emociones que predominarán en nuestra vida y la manera que tendremos de encaminar dichas respuestas será mucho más capacitadora que cuando simplemente nos dejamos guiar por el enfoque negativo y autodestructivo que quizá se ha enraizado en nuestra mentalidad en los últimos años o en la mayor parte de nuestra vida.

Sistemas de creencias

La siguiente palanca que tendremos que asegurarnos que accionamos adecuadamente es la de los sistemas de creencias. Las creencias suponen para nuestro cerebro lo que consideramos que «es verdad o mentira«. Una creencia es un mecanismo que nuestro cerebro emplea para construir nuestra interpretación de la realidad. Aquello que también llamamos paradigma. Es decir, las gafas a través de las cuales interpretamos el mundo. Porque no importa la realidad, lo único que importa es lo que tú interpretas sobre esa realidad y aquello que decidas llevar a cabo para aceptarla o cambiarla.

Una creencia se soporta sobre referencias. Las referencias pueden venir de experiencias vividas o imaginadas que hemos incorporado en nuestro sistema nervioso a través de las emociones que hemos vivido durante esas experiencias. Cuanta mayor intensidad emocional haya supuesto para nosotros una experiencia vivida con mayor solidez habrá quedado grabada en nosotros. Especialmente si ha sido dolorosa.

Recuerda que podemos incorporar nuevas referencias a través de experiencias propias o de terceros. Por ejemplo, cuando llevo a cabo una determinada actividad y obtengo un resultado (positivo o negativo) estoy incorporando nuevas referencias a las creencias relacionadas con este hecho. De la misma manera, cuando estoy recibiendo formación en un ámbito determinado estoy incorporando referencias a determinadas creencias con información que yo no he vivido en primera persona. Pero recordemos, el «pegamento» que utiliza el cerebro para pegar estas referencias a las creencias son las emociones. No quedará grabada en mi mente de la misma manera una referencia de una formación donde me están enseñando a vender (donde estoy tranquilo y me creo todo lo que me cuentan viéndolo «fácil») que cuando estoy delante de un cliente en la vida real y me está planteando objeciones a mi proyecto (donde estoy viviendo un aluvión de sentimientos vinculados a mi valía personal o profesional y los posibles beneficios o consecuencias de lograr o no el acuerdo).

El mayor riesgo que tienen las creencias es generarnos una indefensión aprendida. Cuando creemos algo como posible o imposible, con independencia de la realidad, estaremos dispuesto o no a actuar y nuestro sistema operativo generará una respuesta capacitadora o directamente nos hará dejar escapar la oportunidad porque no consideraremos que algo sea para nosotros o no somos capaces de lograrlo.

You become what you believe

Oprah Winfrey

Identificar aquellas creencias que te incapacitan y reemplazarlas por otras que te den poder para realizar aquello que te llevará a conseguir lo que deseas supondrá poner la palanca en modo «turbo» o en modo «freno de mano» para conseguir construir la vida que deseas.

Valores y reglas

Tras atravesar el estímulo determinado nuestro sistema de creencias pasa a consultar la posición de los valores y reglas. Si las creencias eran aquello que consideramos que es verdadero o falso nuestros valores y reglas nos determinan si algo es bueno o malo para nosotros, si está bien o está mal. Las reglas determinan la manera en la que debemos juzgar una situación. Si es positiva o negativa en función de nuestros valores y qué es aquello que debemos sentir o hacer.

Identificar los valores que tenemos o deseamos tener y definir las reglas que nos dictarán cómo interpretar o sentir en función de estos valores generará también una reacción capacitadora o incapacitadora.

Interpretación sobre el dolor o placer

Y ya, por último, y antes de emitir la respuesta, nuestro cerebro se preguntará: ¿esto que tengo delante me va alejar del dolor y acercar al placer? teniendo en cuenta que estamos diseñados para alejarnos del dolor y perseguir el placer y además estamos mucho más dispuestos a alejarnos del dolor que a obtener el placer.

Nos convertimos en nuestros estándares más bajos y no en nuestros sueños más altos. Eleva tus estándares y elevarás tu calidad de vida

Sam Ovens

Un ejemplo habitual que confirma este apartado se encuentra en la gestión que hacemos las personas con las dietas y la alimentación. Nos produce placer comer y beber sin limitaciones y esto acaba generando que la aguja de la báscula entre en zona roja, momento en el que empezamos a sentir dolor. Nuestra imagen física no es quizá la que deseamos, nos sentimos cansados, tenemos algunos problemas de salud, etc. cuando el dolor que sentimos por esta situación supera al del placer que obtenemos por la mala alimentación el cerebro nos pone en modo cambio y empieza a buscar caminos que nos alejen de ese dolor y nos vuelvan a acercar al placer. Así pues empezamos a tomar decisiones diferentes con nuestra alimentación, lo que nos lleva a que poco a poco la aguja vuelva a su nivel natural.

Además empezamos a obtener placer porque nos vemos mejor físicamente, nuestro entorno nos lo dice, los vemos en el espejo, la talla del pantalón lo confirma y volvemos a sentirnos mejor. Hasta que llega un momento que las tentaciones vuelven a aparecer y nos preguntamos, ¿me merece la pena seguir sintiendo este dolor de no comerme este helado o evitar esta cerveza? bueno, si ya estoy bien, una cerveza no hará daño. Y vuelta otra vez al punto de partida. La constante búsqueda del alejarnos del dolor y acercarnos al placer.

También podemos ver esto en la interpretación que realiza cada persona sobre los estándares mínimos aceptables. Tendremos personas que cuando superan un kilo su previsión pensarán que la hecatombe está cerca o y otras que bueno, 10 kgs más o menos, tampoco se notan. Extrapolemos esto a cualquier otro ámbito de nuestra vida: finanzas, relaciones personales, desarrollo personal, contribución…

Reinstalando el sistema operativo

Aunque hemos visto a cámara hiperlenta cómo nuestro sistema operativo reacciona, debemos ser conscientes que estas respuestas se generan en millonésimas de segundo.El cerebro humano tiene un tiempo de respuesta aproximado de entre 0,15 y 0,25 segundos. Es decir, que no somos conscientes de la posición de las palancas en el momento de la respuesta, por lo que para poder reaccionar de manera más capacitadora necesitaremos trabajar previamente la posición de estas palancas y a un ritmo mucho más lento.

Es decir, que necesitamos reinstalar, formatear y actualizar nuestro sistema mental si realmente queremos empezar a sentir y actuar de otra manera. Esto genera mucho miedo a la mayoría de personas y nunca llegan a coger este camino porque detrás de todo esto se encuentra el mayor miedo de todos: el miedo a no ser amado que va directamente ligado al auténtico mayor miedo, el miedo a morir. Si cambio mi forma de ser: ¿dejarán de amarme aquellos que ahora están conmigo?, ¿ya no me protegerán si no me aman?, ¿qué será de mí? quizá parezca exagerado pero este diálogo interior lo tenemos todos de manera consciente o no. Cambiamos para mejorar, para ser más capaces, para conseguir hacer realidad nuestros más profundos deseos y construir la vida de nuestros sueños.

Tenemos la herramienta más poderosa que existe ahora mismo entre los seres vivos: nuestra mente. Un poderoso artefacto capaz de desafiar leyes físicas y que nos ha traído hasta donde hoy estamos. Un afilado cuchillo. Pero el problema de los cuchillos afilados es que si no sabes cogerlos te puedes cortar.

Qué paradoja, la misma herramienta que puede elevarte hacia el estilo de vida que siempre has querido y que ha creado muchas de las cosas que hoy tienes a tu alrededor es la misma herramienta que puede hundirte en la mayor ola de autodestrucción y acabar con tu vida. ¿Qué diferencia entonces a aquellos que consiguen resultados excepcionales de aquellos que simplemente luchan solo por sobrevivir, para ir tirando y estar entre nosotros levitando sobre la vida un día más? lo que nos diferencia no es más que la posición de estas palancas y la buena noticia es que tienes la capacidad de accionarlas en otros sentidos en este mismo instante.

Ahora bien, si has tardado 1, 5, 10, 15 o 50 años en programar el sistema que tienes ahora mismo operando, no esperes obtener un cambio radical en los próximos 15 minutos. Tampoco te costará otros 5, 10, 15 o 50 años más. Pero recuerda que un camino de mil millas empieza con un primer paso.

Y tú, ¿decides aceptar la responsabilidad de construir la calidad de vida que deseas?

Álvaro Martínez
Álvaro Martínez
Empresario de corazón. Fundador de Método Consolida. Apasionado ante la vida y los negocios.

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