Ya cuando nos organicemos empezamos a ¿organizarnos?

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Ya cuando nos organicemos empezamos a ¿organizarnos?

La empresa ha crecido, o no, simplemente ya nació así. Los días pasan entre urgencia y urgencia, fuego y fuego, llamada y llamada. Un trabajo no ha salido como tenía que salir, un cliente necesita urgentemente esto o lo otro, se acaba el plazo de entrega de este proyecto, hay que enviar las facturas, el IVA, la reunión… en fin, esto es ser empresario. Y más cuando eres un pequeño empresario, cuando seas como Juan Roig o Amancio Ortega ya será otra cosa, porque entonces tendremos grandes equipos en los que delegar y recursos para poder trabajar más tranquilos. Y es que es normal, tenemos tanto trabajo que no tenemos tiempo para organizarnos, ya pararemos a pensar y organizarnos cuando tengamos tiempo. Porque de ser empresario no se factura, se factura de sacar adelante el trabajo.

Pero un día, quizá por inspiración divina o quizá porque simplemente nuestro cerebro ha cortocircuitado, te dices: «un momento». Ya cuando nos organicemos, empezamos a ¿organizarnos? y te suena la mayor contradicción a la que te has enfrentado nunca. Enhorabuena, acabas de darte cuenta de que vives en Matrix. Porque las cosas son como son, como siempre han sido, o no… todo es como parece ser hasta que te das cuenta que igual, como dijo Einstein, «es una verdadera locura tratar de obtener resultados diferentes repitiendo siempre los mismos pasos». ¡Qué filosófico! déjate de tonterías que tengo mucho trabajo para esto.

Quien me conoce sabe que me repito mucho, defecto profesional, cuando quieres que algo cale hondo tienes que persistir y repetir, repetir y persistir. Una empresa necesita un tamaño mínimo, sí. Dejaremos para otro momento la historia de terror del autoempleo. Pero una empresa, tenga 1 cliente o 27 millones tiene que ejercer exactamente las mismas funciones. La diferencia está en que la que tiene 1 cliente las realiza a menor escala. Ahora bien, otro tema es que directamente se obvien funciones y entonces los resultados no salgan. Bueno, PARA, que mis números al final sí que salen. Ah perdona, los números salen, ¿pero qué precio vas a pagar por ello?. Debes elegir entre el precio de hacer tú trabajo como empresario o trabajar día y noche para sacar adelante la empresa, siempre estresado, siempre apagando fuegos. Y así pasan los años, te quemas, odias el negocio y un día, te pones enfermo. Y entonces sorpresa, nadie hace el trabajo, tus clientes te abandonan, Hacienda pregunta que dónde está su parte y tú ves que el trabajo de tu vida se ha ido por la borda. Bueno, mala suerte.

¡Stop! Volvamos al segundo párrafo, donde mi cerebro ha cortocircuitado y he evitado la catástrofe. Me he parado a pensar que quizá si me organizo, si establezco un sistema, si me aseguro de que todas las funciones se están ejecutando, si delego de forma eficaz… quizá, quizá puedo, no solo conseguir vivir mejor; sino también tener más resultados con menos esfuerzo. Acepta que nunca llegará ese tiempo idealizado en el que dispondremos de tiempo libre y muerto, mientras todo nos va bien, para empezar a mejorar el funcionamiento de la empresa. El truco está en empezar ahora, con los recursos que tienes, y no detenerte. Pequeñas piedrecitas acaban formando una gran montaña. Avanza todas las semanas, una hora, media, quince minutos… pero no te detengas. Y cuando menos te lo esperes, estará hecho y empezarás a disfrutar de los resultados.

Y sí, es una megaput*** tener que encontrar tiempo para pensar y organizarse en medio de ese caos que tú solito te has buscado. Ahora bien, tú decides qué precio vas a pagar. El precio de seguir en Matrix con tus marrones, fuegos, jornadas interminables, oraciones para que la salud aguante y los números salgan o el precio de hacer el esfuerzo a corto plazo, hacer tú trabajo como empresario y construir tu sistema.

Cuidado con lo que decides, esa “pequeña” decisión, puede marcar tu futuro.

Álvaro Martínez
Álvaro Martínez
Empresario de corazón. Fundador de Método Consolida. Apasionado ante la vida y los negocios.

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