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Autoempleo y otras formas de torturarse

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Nos creímos que la solución a todos los problemas laborales y financieros era ser nuestro propio jefe. Ser dueños de nuestro destino. Tener libertad. Y con toda la ilusión del mundo, nos lanzamos a la piscina y montamos nuestra propia empresa.

Al principio las horas no importan, el reloj es lo de menos, estamos luchando por nuestros sueños. Pero con el tiempo, esa motivación inicial se va reduciendo y los golpes parecen no detenerse nunca. Y cuando nos damos cuenta, somos esclavos de nuestro negocio. ¿Te sientes identificado?

En el mundo de los negocios agruparía a las empresas, según su forma organizativa, en dos grandes bloques: autoempleo y sistemas. Hablamos de autoempleo cuando una empresa (sea del sector que sea y tenga o no empleados) requiere de una gran cantidad de horas del propio empresario para que el negocio siga funcionando. Sin embargo, hablamos de sistema cuando con una supervisión del empresario y con el mismo enfocado en tareas de alto valor y muy estratégicas prácticamente el negocio opera autónomamente. Es decir, que el sistema trabaja para nosotros y no nosotros para el sistema. Increíble pero cierto. Un negocio en el que todo está bien coordinado y todas las funciones del mismo están perfectamente orquestadas: la captación del cliente, la prestación del servicio, el cobro, la atención post-venta, la contabilidad etc.

La principal diferencia entre autoempleo y sistema radica en que el primero supone esclavitud y el segundo supone libertad. Una empresa, tenga el tamaño que tenga y sea del sector que sea, prácticamente tiene que ejecutar las mismas «funciones primarias«: tiene que vender, tiene que gestionar sus números, tiene que prestar el servicio, etc.

La diferencia entre un autónomo y una multinacional radica en el número de veces que se ejecutan esas funciones y la cantidad de personas que las están ejerciendo. Para que un negocio se encuentre correctamente sistematizado es fundamental que exista un adecuado equilibrio y reparto de funciones y que se ejecuten todas ellas adecuadamente, por supuesto.

No hablamos de convertir tu empresa en un monstruo de cientos de empleados, o sí (si es lo que deseas). Hablamos de crear una empresa que no dependa al 100% de que estés en la cresta de la ola, porque ojalá siempre puedas estarlo, pero por si un día no lo estás o no deseas seguir en ella durante un tiempo de descanso, de otros negocios, de tu familia o de otros sueños que tengas, que el negocio siga operando, creciendo y generándote ingresos y libertad.

Créeme que el autoempleo tiene lo peor de ser empresario y lo peor de ser empleado. Si no trabajas, no generas; si estás enfermo, el negocio se detiene; si tienes un mal día, el negocio se resiente; si estás desmotivado, todo va a peor; si te vas de vacaciones, entras en pérdidas… un sistema es lo opuesto a esto. A través del valor de combinar las fortalezas de un equipo consigues compensar las debilidades de cada individuo.

Sí pero, no tengo ni tiempo ni dinero para montar un sistema. Bueno, entonces ya cuando lo tengas, te pones a ello.

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Álvaro Martínez
Álvaro Martínez
Empresario de corazón. Fundador de Método Consolida. Apasionado ante la vida y los negocios.

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